Todos los articulos referentes a los perros de caza. Repartidos en categorías para una fácil nevageción.
INICIACIÓN AL COBRO
ENSEÑAR JUGANDO
Normalmente lo ideal es potenciar las propias aptitudes del animal; es decir, si al cachorro le gusta coger y llevar cosas debemos potenciar dicho comportamiento, de tal forma que en el futuro lo que en un principio hacía inconscientemente, lo haga conscientemente y a la orden.
La forma de desarrollar dicho comportamiento es mediante el juego, y si dicha aptitud no existe, también podremos intentar desarrollarla mediante juegos.
Lo primero que deberemos hacer es que el animal se fije en algo que le produzca curiosidad, moviéndolo de sitio, tirándolo de un lado a otro y que, a su vez, tenga un tacto que al animal no le sea desagradable al cogerlo con la boca: pelotas de goma forradas con piel de conejo o de liebre, por ejemplo, de manera que además de despertar curiosidad pueda corretear detrás de ellas.
Primera fase
El inicio del juego debe producirse en las situaciones en que el animal esté motivado, nunca forzando al animal si está cansado o decaído.
Tiraremos la pelotita y constantemente estaremos animándolo mediante halagos: «muy bien bonito, cógela, hala con ella, muy bien, muy bien». Si en algún momento la coge deberemos intentar que venga hacia nosotros, intentando llamar su atención, de tal forma que no suelte la pelota de la boca.
Para ello le llamaremos suavemente y nos pondremos de rodillas para quedar a su altura, situación ésta que le producirá cierta sensación de dominio, lo cual le hará venir hacia nosotros.
En ningún caso debemos intentar cogerle la pelotita de la boca, si lo hacemos el animal asociará que la llamada es para quitarle el objeto que lleva en la boca, por lo cual la siguiente vez no vendrá.
Luego, si viene hacia nosotros, deberemos acariciarle, sin demostrar en un principio interés por lo que tiene en la boca. Transcurridos unos segundos, se lo podremos coger suavemente y se lo tiraremos inmediatamente, reiniciando otra vez el juego.
Es muy importante no cansar al animal pues perdería interés, siendo muy difícil recuperarlo luego. Si el animal lo hace un par de veces, es mejor dejarlo con ansiedad que no aburrirlo con el jueguecito. Si conseguimos crear esta costumbre, tendremos un 98% de posibilidades de obtener un buen perro cobrador, y luego, más adelante, cuando el animal tenga que trabajar de forma continuada le será muy sencillo ejecutar el cobro sin apenas esfuerzo.
Segunda fase
Una vez veamos que el animal comienza a madurar y que podemos empezar a exigirle sin problemas, podremos continuar con el aprendizaje del cobro, esto suele suceder a los ocho o nueve meses de edad.
Nos proveeremos de algunos utensilios de cobro, al principio algo parecido a las pelotitas de goma con las que iniciamos al cachorro en el juego del cobro, para poco a poco ir sustituyéndolas por objetos parecidos, en peso y apariencia, a los que en las jornadas de caza tenga que cobrar.
Es importante que acostumbremos al animal a todo tipo de pjezas, la base para ello es intercambiar el peso y la apariencia de los distintos aparatos de cobro.
Si el animal no demuestra interés alguno en esta segunda fase del cobro, o incluso en la primera, no tendremos más remedio que introducirlo en el cobro forzado.
Días buenos y malos
Antes de continuar, es muy importante que no olvidemos que un ser vivo no es una máquina infalible que nunca falla, si no que como tal siente, padece y, en consecuencia, actúa. Con esto queremos decir que, aunque algunas veces pensemos que por ser nuestro perro no se cansa nunca, necesita menos agua que el del vecino o tiene la misma afición que nosotros, habrá días en que no cumpla con este sinfín de aptitudes, por las circunstancias que sea. La explicación evidente es que nuestro perro no es un robot infalible.
También se puede dar el caso de que, incluso con un buen adiestramiento, se produzcan situaciones como las mencionadas, de forma continuada; entonces lo que se puede decir sobre dicho comportamiento es que el animal ha adquirido vicios, los cuales se podrán corregir dependiendo del grado del problema, introduciendo el cobro forzado.
SENTAR LAS BASES
En los primeros meses de vida del cachorro, mediante juegos, hemos establecido un reflejo por el cual, de forma totalmente natural, hemos potenciado su instinto de coger y llevar en la boca diferentes objetos; se puede decir que ésta es la base fundamental para obtener un buen perro cobrador.
Pero sólo es una buena base, que en algunas ocasiones puede ser suficiente, dependiendo de nuestro grado de exigencia y de si nos conformamos con un cobro regular; es decir, si aceptamos que el animal, en determinadas circunstancias, pueda dejar la pieza a mitad de recorrido, no la entregue en mano o la deposite a nuestros pies, incluso que no la quiera soltar.
En ese caso, tendremos que dejar la escopeta en el suelo y, con las dos manos libres, intentar quitarle la pieza, lo cual día a día será más difícil ya que el animal opondrá cada vez más resistencia a ello.
Todo esto son algunas de las situaciones que se nos pueden plantear si lo que iniciamos como un juego, lo dejamos en eso, un juego. Hay que aclarar también que, muchas veces, algunos de estos hechos se pueden presentar incluso después de un adiestramiento completo y se puede deber a diferentes circunstancias.